jueves, 6 de agosto de 2015

Oscura y Salvaje Tentación (Capitulo 1)

Hola chicas y chicos si es que hay!

Hoy es el día, aquí les va el primer capitulo de esta historia ya que decidí no hacerle un prólogo. Feliz lectura!

Capitulo 1

Sangre…

Eso era lo único que ella podía observar a través de sus grandes ojos castaño-verdosos llenos de asombro, llenos de horror. La habitación estaba hecha un desastre, los elegantes muebles de madera habían sido reducidos a simples trozos de astilla regados por doquier. Las cortinas estaban hechas jirones y el suelo estaba cubierto de vidrios rotos provenientes de la ventana. A ella le parecieron pequeños diamantes teñidos de rojo rubí que brillaban bajo la intensa luz de la luna que iluminaba el cuarto, dejando ver una escena que solo se había visto en las peores pesadillas de cualquier ser humano.

¡Princesa, salga de ahí!

Las voces se escuchaban muy lejanas, apenas un susurro en su mente. Ella estiró su mano, queriendo alcanzar los bultos que se encontraban quietos e inertes sobre lo que alguna vez fue un blanco lecho.

-¿Mami?_dijo con voz apagada, casi muerta.

¡Guardias! ¡Traigan a los médicos y saquen a Su Alteza de ahí!

Nuevamente esas voces, todavía distantes y lejanas en su cabeza. Una lágrima se deslizó por su mejilla cuándo no recibió respuesta de su madre. Ella lo único que deseaba era escuchar su melodiosa voz diciéndole que todo estaba bien. Pero no, no lo estaba.

Entonces, dos fuertes brazos se envolvieron alrededor de su pequeña figura y con destreza le hicieron voltearse. Su cabeza, llena de castaños rizos, fue sostenida contra un cálido pecho cuyo corazón latía casi desbocadamente.

Rosie, preciosa, ya no mires

-¡Rosemary estoy hablándote!

Como despertando de un trance, la chica agitó su cabeza con vehemencia y pestañeó varias veces, dándose cuenta que más de una docena de pares de ojos le estaban observando con curiosidad y en silencio.

-Creo que la princesa no soporta los juicios, Su Majestad _ señaló burlonamente una voz a pocos metros de ella_ Es un poco delicada ante la…mmm…sangre.

-Ya lo creo que si, Jackson _ dijo una femenina pero al mismo tiempo firme voz a su costado_ Mi hermanita siempre ha sido una cobarde sin remedio.

La corte comenzó a reír ante el comentario, pero Rosemary no estaba siquiera escuchándolos. Un sudor frío recorrió su frente mientras su cuerpo temblaba ante el horrible recuerdo de su niñez que atormentaba cada día y noche de su vida. Ya habían pasado quince años desde entonces y aún se sentía como si hubiera sucedido ayer.

-Si me lo permite, Su Majestad _ continuó Jackson _ Sugiero que la princesa sea escoltada de vuelta a sus aposentos para poder tranquilizarse. Los juicios definitivamente no son lo suyo.

Alanis puso los ojos en blanco y desde lo alto de su trono observó a su hermana, que todavía parecía en trance.

-Supongo que tienes razón, Jackson_ suspiró exasperada_ Sebastián _ dijo ahora, dirigiéndose al guardia que estaba parado junto a uno de los pilares del gran salón. Era alto y fornido, con el cabello rubio e intensos ojos azules, que brillaban asesinamente. Él se acercó al trono y se arrodilló ante la reina.

-Su Majestad _ dijo con fuerza.

-Retira el cuerpo de aquí y procura que alguien limpie la sangre inmediatamente. Detesto cuando ensucian los suelos _ dijo Alanis con tal normalidad, que un escalofrío recorrió la espalda de Rosemary. Su hermana era muy conocida en el reino de Aradon por su crueldad y frialdad. Trataba a la gente como basura, como un objeto utilitario para sus fines egoístas.

-Si, Su Majestad _ respondió el guardia, antes de ponerse de pie nuevamente y coger el cuerpo de lo que una vez había sido un jovial y esforzado hombre del pueblo.

Rosemary había evitado prestar demasiada atención a la escena desde que empezó el juicio. Desde el minuto en que se reveló que el hombre había sido acusado por haber robado una joya de la corona, ella supo que su hermana lo condenaría a muerte. El reino de Aradon iba cada vez más en decadencia debido a que Alanis llevaba quince años despilfarrando en fiestas y lujos la fortuna de la familia Ravenheart desde que ascendió al trono. Ella no hacía nada por su pueblo, simplemente dejaba a sus habitantes morir de hambre y desde la muerte de sus padres que ya no habían tratos comerciales con otros reinos que ayudaran a restaurar la economía de Aradon, por eso a Rosemary no le extrañaba que aquel hombre, en su desesperación, haya decidido robar una pequeña joya para poder alimentar a su familia. A la fecha, no entendía como su hermana podía ser tan insensible y cruel.

-¿Tiene algo que agregar acerca del juicio, princesa?_preguntó Alanis con frialdad.

Por primera vez, Rosemary se atrevió a mirar a su hermana a sus gélidos ojos negros. Su bello rostro, porque si, Alanis era una mujer hermosa aún a sus treinta y cinco años, estaba cubierto de sarcástica diversión. Su piel blanca y cremosa, junto con sus carnosos labios rojos y largo cabello negro azabache, le daban una apariencia exótica, asesinamente atrayente.

Rosemary negó con la cabeza y bajó la mirada, incapaz de seguir mirando a su hermana a los ojos. Simplemente le asqueaba y le sorprendía que pudiera haberle hecho una pregunta tan estúpida en ésos momentos. El juicio había llegado a su fin y el hombre estaba muerto, ya no había nada que objetar u agregar.

-No, mi reina_dijo apenas en un susurro _ Si me lo permite, quisiera retirarme.

Alanis sonrió divertida y se apoyó nuevamente en su trono. Leves murmullos comenzaron a elevarse en la corte mientras todos comentaban lo sucedido durante el juicio, al mismo tiempo que se iban retirando lentamente para volver a sus actividades habituales.

-Por supuesto, hermanita _ le aseguró con crueldad _ Jackson, escolta a la princesa de vuelta a sus aposentos, parece que va a desmayarse en cualquier segundo.

-¡No!_gritó Rosemary dirigiéndose a su hermana y toda la corte se detuvo en seco, guardando silencio de forma inmediata_Hunter es mi guardián y lo quiero a él.

Alanis frunció el ceño al mismo tiempo que Jackson ante la autoritaria voz de su hermana. Rosemary no solía discutir con su hermana ninguna decisión que esta tomara con respecto al reino, pero si con su seguridad personal.

Jackson era un hombre alto, fornido, de cabello negro con un par de franjas grises. Llevaba una incipiente barba y poseía unos oscuros ojos cafés. Era el guardia personal de Alanis, su guardaespaldas, su chivo expiatorio y su consejero. Para Rosemary, era solo el lamebotas de su hermana y ella no confiaba para nada en él. De hecho, no confiaba en nadie de ése castillo, solo en Hunter, su mejor amigo de la infancia y Sabrina, su criada. Ellos eran los únicos que la querían realmente.

Alanis bufó exasperada.

-Por si no te has dado cuenta, hermanita, Hunter no está aquí _ dijo ella señalando lo obvio _ Pero claro, solo eres una chica tonta y estúpida, ¿no es así, Rosemary? Era obvio que no lo notarías.

Rosemary guardó silencio mientras fulminaba a su hermana con la mirada. Su crueldad ya no era ninguna novedad. Desde niñas que Alanis se había mostrado sumamente hostil con ella, llegando incluso a abandonarla en medio de uno de los bosques aledaños al reino cuándo tenía cinco años. Aún recordaba el temor que sintió ese día, corriendo en círculos, temblando de frío, de hambre, llorando, gritando por sus padres, por su hermana, para al final, ser rescatada por uno de los que ellos llamaban Los Guardianes, los amos y señores de los bosques.

Rosemary se encogió de hombros.

-Entonces me iré sola, con tu permiso hermana _ dijo decidida y antes de que Alanis pudiera decir algo, Rosemary ya había abandonado el salón, yendo en dirección a los campos de entrenamiento dónde supuso que Hunter estaría.

Rosemary sintió un dulce alivio recorrer su cuerpo cuándo finalmente pudo abandonar el interior del oscuro salón dónde realizaban los juicios. Estar tan cerca de la muerte, del hedor a sangre y de la crueldad de su hermana, era suficiente para enfermarla. No le importaba andar sin escolta por el palacio, de hecho eso la hacía sentirse más libre que nunca.

Ella rodeó velozmente los largos pasillos del palacio hasta lograr salir el exterior, dónde un fresco soplo de aire de primavera acarició su rostro y la calidez del sol envolvió su cuerpo como una gruesa frazada de terciopelo. Rosemary no pudo evitar gemir de delicia ante la sensación que se acumulaba en su ser, era justo lo que necesitaba. A la distancia, se podía escuchar claramente el choque del metal contra metal, el blandir de dos espadas sujetas por dos fuertes guerreros. Rosemary comenzó a correr en dirección a los campos con una emoción muy conocida para ella cada vez que iba a encontrarse con Hunter. Solo esperaba que él estuviese ahí.

Y no se equivocó.

Si bien las batallas no eran lo suyo, su interés crecía cuándo era Hunter quién luchaba y más, si era un duelo amistoso. Una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Rosemary cuándo sus ojos se clavaron en él. Más alto que cualquiera de los guardias del palacio, de piel morena, de cabello corto y negro azabache al igual que sus ojos que brillaban con calidez y diversión genuina cada vez que la miraba, pero cuándo luchaba, estos se volvían opacos y fríos, instintivos, concentrados. Su cuerpo grueso, fornido, lleno de pesados músculos producto de años de entrenamiento. Era definitivamente un hombre muy guapo y al mismo tiempo sumamente inteligente, un buen estratega, pero sobretodo, el mejor espadachín del reino. Nadie podía igualársele y en esos momentos, estaba dándole una paliza a su oponente.

-¡Vamos John, se que puedes hacer algo mejor que esto!_exclamó Hunter con diversión en su voz. Las espadas chocaron con fuerza antes de que ambos guerreros se separaran para volver a atacarse nuevamente.

-Relájate Hunter, esto solo está recién empezando _ John atacó a Hunter por la espalda, pero este ultimo instintivamente saltó hacía un costado, esquivándole.

Hunter se rió.

-¡Cuando dijiste que me harías pagar por mis actos, creí que el precio sería mas alto!_Hunter golpeó a John en el hombro, haciendo que cayera pesadamente al suelo _ Rayos, John, pensaba que algo habías aprendido en mis clases. Supongo que tendré que enseñarte de nuevo.

-¡Hunter! ¡No lo lastimes mucho!_ grito Rosemary desde su lugar. Conocía muy bien a su amigo y muchas veces se le pasaba la mano en las batallas, aunque estas fueran amistosas.

La mirada de Hunter se desvió de forma automática cuándo escuchó la dulce voz de su princesa y al instante, sus rasgos se suavizaron.

-Su Alteza, no la había visto _ dijo haciendo una reverencia. Estaba sumamente agitado, pero con una sonrisa_ ¿Lleva mucho tiempo observándonos?

Rosemary le devolvió la sonrisa y negó con la cabeza.

-No, Hunter, acabo de llegar.

-Espéreme ahí Su Alteza, en seguida estoy con usted_y acto seguido, volvió a la contienda al ver que John se había levantado del suelo.

Rosemary suspiró y negó con la cabeza. En presencia de otros guardias, Hunter siempre se dirigía hacia ella como “Su Alteza”, algo que detestaba enormemente, era demasiado impersonal, siendo que conocía a su guardián desde que ambos eran unos niños y jugaban juntos en los jardines del palacio.

El padre de Hunter, Peter Macarick, había sido el mejor amigo de su padre y guardia personal durante años. El aquel entonces rey confiaba en Peter con su vida, nunca se le veía sin él cuándo discutían tácticas de batalla, en los juicios o a veces, simplemente para discutir acerca de la vida como los grandes amigos que eran.

Debido a su fama de buen guerrero y espadachín, Peter fue líder de la guardia real durante años antes de que su padre lo eligiera para ser su guardia personal. Él creó el sistema de entrenamiento de los guardias que hasta el día de hoy seguía vigente, ahora en manos de su hijo Hunter y de Sebastian, su segundo al mando, dado que Peter había fallecido en batalla hacía quince años atrás cuándo Alanis ordenó exterminar a Los Guardianes de los bosques.

Hunter golpeó con todas sus fuerzas la espada de John y marcó con la suya tres veces el cuerpo de su rival que nada pudo hacer para defenderse.

-Agradece a Su Alteza que te salvó de la humillación _ agregó Hunter con arrogancia mientras volvía a enfundar su espada, antes de correr en dirección a Rosemary, quién aplaudía divertida.

La mirada negra azabache del chico chocó con la castaño verdosa de ella. Todo rasgo de seriedad había desaparecido de sus ojos, reemplazándolos con una suave calidez.

-Hola, Rosie_anunció él bajito, como si le estuviera diciendo un secreto, para luego abrazarla fuertemente.

Rosemary suspiró. Ese era el mejor amigo que ella conocía. Rosie era el apodo que él le había puesto cariñosamente desde que eran niños, aunque a veces también le llamaba “preciosa”, pero sin importar como fuese, siempre era con amor genuino, real, algo de lo que ella había carecido desde que sus padres abandonaron ese mundo.

-Nunca paras de sorprenderme, Hunter_ambos se separaron para poder mirarse _ Esa fue una gran batalla.

Él se encogió de hombros.

-Supongo que si _ admitió Hunter escudriñando los alrededores, asegurándose que nadie aparte de John, que aún estaba en el suelo, los estuviera observando_ Me sorprende verte aquí, preciosa_entonces frunció el ceño al darse cuenta que ella estaba sola_ Y sin una escolta. Rosie, ¿en que estabas pensando? Alguien podría hacerte daño. Maldita sea, creo que estoy entrenando una tropa de incompetentes si nadie se ofreció a escoltarte hasta aquí.

Rosemary puso los ojos en blanco.

-Hunter, estoy dentro del Palacio, nadie se atrevería a tocarme un pelo _ le aseguró ella ante lo que él le enarcó una ceja. Si, estaba molesto_ Además, era venir sola o aceptar que Jackson me escoltara de vuelta a mi habitación, porque tú no estabas presente.

Hunter suspiró y maldijo por lo bajo.

-Tienes un punto, Rosie_admitió derrotado. Jackson nunca había sido de su especial agrado _ Lo lamento. No te dejaré sola nuevamente, pero pensé que como estarías presente en el juicio no me necesitarías hasta que terminara_agilmente, saltó la valla para estar junto a ella _ Supongo que la razón por la que estas aquí es porque el juicio ya se acabó.

Rosemary bajó la mirada y asintió con la cabeza. Los recuerdos del juicio se habían esfumado momentáneamente de su mente desde el minuto en que pudo verlo y ahora, regresaban con una intensidad superior, tan vivida, que de la nada comenzó a hiperventilar.

Hunter frunció el ceño. Cuándo ella se quedaba estática, mirando al vacío y respirando de esa manera, era porque le había hecho recordar algo que no debía. Él la atrajo a sus brazos con rapidez y comenzó a acariciar su ahora tembloroso cuerpo como queriendo exorcizar a los demonios, sabiendo que eso la tranquilizaba.

-Tranquila, Rosie. Escúchame, estoy aquí, esos no son más que recuerdos, nada va a pasarte_la mantuvo cerca de su pecho, dejando que escuchara su corazón así como lo había hecho cuándo era una niña y se encontraba parada junto a los restos descuartizados de sus padres.

Hunter sabía que Rosemary había sufrido suficientes traumas para una vida desde que era muy pequeña. Lo de sus padres había sido la gota que derramó el vaso, porque todo partió debido a los maltratos de Alanis hacia su hermana menor. A él nunca le había agradado su reina, y sabía que la razón por la que todavía no lo había expulsado del reino, era por su fama de buen espadachín y sus técnicas de entrenamiento para la guardia, porque si fuera solo por cuidar de Rosemary, hacía mucho que ya no estaría ahí.

El rey Richard, le había pedido a Hunter que cuidara de su hija menor, aunque nunca había sido necesario que lo hiciera porque él quería mucho a Rosemary y solo por ella soportaba la crueldad de Alanis, a quién mención aparte, tampoco le agradaba Hunter. Consideraba que era un deslenguado, arrogante y sin un solo respeto por la autoridad, pero era el mejor en lo que hacía y por ende, lo necesitaba.

Rosemary suspiró y se permitió a si misma relajarse entre sus brazos, el único lugar dónde se sentía verdaderamente segura, a salvo cada vez que la asaltaban aquellos horribles recuerdos que sabía, marcarían su mente para siempre.

-¿Estas bien, preciosa?_dijo bajito nuevamente. Siempre era así entre ellos, algo que casi tenía que ser escondido.

-Si, Hunter_ella tragó saliva y se separó un poco para mirarlo a los ojos _ Gracias
.
Hunter pestañeó varias veces como si se hubiese quedado bajo un trance al observar sus ojos castaños verdosos, esa mezcla de tierra y bosque que en muchas ocasiones lo dejaban anonadado. Tenía un brillo tan dulce, tan inocente que él quería proteger a toda costa, sobretodo de la maldad de Alanis. Maldición, si esa mujer parecía ser sacada del infierno, ella y Rosemary eran como un demonio y un ángel intentado convivir bajo un mismo techo.

Hunter se separó de ella unos instantes para poder darle un suave beso en la frente. Rosemary sonrió bajo su gesto.

-Puedes morir si alguien te llegase a ver, ¿lo sabías?_apuntó ella.

-Vale la pena correr el riesgo _ le respondió él con creciente diversión _ Me ofende, Su Alteza, si cree que a alguien como yo lo pueden destruir tan fácilmente.

Rosemary dejo escapar una carcajada por primera vez en mucho rato. Dios, vaya que se sentía bien.

-Pues no sea tan arrogante, Sir Macarick, que el tiro le puede salir por la culata algún día _ bromeó ella y entonces su mirada dio con la de John_Ven, volvamos al Palacio, ya deben estar buscándome. Y aprovecha de llevar a John contigo, dudo que llegue solo después de cómo lo dejaste.

Hunter entonces observó a John por primera vez desde que lo abandonó en medio del campo. El pobre guardia no paraba de retorcerse de dolor en la fría grama que cubría el campo de batalla al mismo que lanzaba una cantidad desmesurada de maldiciones e improperios.

-¡Maldito hijo de puta! ¡Infeliz! ¡Mis costillas!.

Rosemary se rió y se cubrió la boca con las manos. Nunca había escuchado a nadie maldecir tanto como John.

-¡Oye, con esa boca besas a tu madre!_ le reprendió Hunter, quién negó con la cabeza y saltó la valla en dirección a él_ ¡Rosie, espérame en la entrada, no tardaré!

Rosemary solo se encogió de hombros e hizo lo que él le pedía. Hunter enfundó la espada de John y lo subió sobre su hombro como si no pesara más que una pluma. El hombre apretó los dientes del dolor.

-Lo siento, amigo _ se disculpó Hunter mientras avanzaba hacía la entrada del Palacio a grandes zancadas _ No podía perder frente a ella.


Espero que les haya gustado, el siguiente capitulo saldrá la próxima semana.

Muchos cariños,

Kathy

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